Telaraña Masonica.

Telaraña Masonica.

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La Francmasonería es rica en perspectivas: no se agotan fácilmente la formas de aproximarse a ella o de interpretarla. El masón acude al arquetipo del hombre renacentista, profundiza en el estudio de todas las facetas de una realidad que se le presenta poliédrica. Una singladura vinculada a las distintas etapas o grados en el aprendizaje masónico que, como una reinterpretación del trivium y quadrivium, se suceden esencialmente desde lo simbólico hasta lo práctico. Una Ciencia, de la que primero aprendemos sus rudimentos para después poco a poco avanzar hacia aspectos más cercanos a la realidad observada y, por tanto, más complejos.

De entre todos estos ámbitos, quiero detenerme en uno de ellos, no muy trazado tradicionalmente en las planchas, pero que me parece digno de estudio. La peculiaridad residiría en su externalidad que es inherente al planteamiento y la cual en apariencia haría más arduo su estudio desde la inspiración del que ha traspasado las columnas. La cuestión que me parece digna de reflexión reside en la existencia de una dualidad en la masonería. Los trabajos masónicos se desarrollan dentro del templo, al que le conferimos la cualidad de microcosmos y reflejo del mundo profano. El aprendiz nace desde una visión profana de la masonería como mera asociación y desarrolla una nueva en la que todo desemboca en el templo. Pero poco a poco descubrirá que más allá de esta consideración, se trata de una estructura en red. Es un aspecto nada desdeñable y que es digno de polémica. La masonería es una institución, una asociación de hombres libres y de buenas costumbres, cierto, pero como tal, se rige por una estructura interna. Sus leyes de asociación no son simplemente las de un conjunto de individuos que pertenecen a un grupo, la obediencia, y que establecen vínculos de uno es a uno entre el resto de los miembros, que sería la visión simplista que se puede tener desde el mundo profano. Tampoco se trata de un grupo aislado de individuos que pertenecen a una logia y en el que sus vínculos no vayan más allá de ésta, que es la que tiene el aprendiz.

Se trata de una estructura jerárquica que parte de una serie de unidades, las logias, en las que existe una relación de uno es a uno, es decir, los miembros de un taller en su funcionamiento perfecto están vinculados al resto de los hermanos de forma directa. Pero el ideal de la masonería es que esta relación vaya más allá del paralelepípedo que determinan los muros del taller y que todos los hermanos se encuentren realmente entrelazados (de ahí la cadena de unión como principal paradigma). Aún así, en la realización imperfecta que es la construcción del templo, lo que encontramos es que los hermanos no tienen conexión directa con todos los hermanos de otros talleres, sino que más bien deben acudir a ciertos hermanos que son los que actúan como nodos y conectores reales del taller con el resto. Tenemos aquellos hermanos que como delegados del taller, actúan en representación de éste en los congresos de la orden, que a su vez tienen conexión con otros hermanos altamente conectados, que son los dignatarios de la orden. En definitiva, no nos serán necesarios más que unos cuatro pasos para poder acceder a cualquier hermano de la orden, por muy alejado que éste esté de nosotros. Estudios sociológicos han determinado que la mayor parte de la población mundial no se encuentra distanciada más de seis pasos y, lo cierto, es que la orden actúa como un atajo que permite reducir esta distancia.

Cada hermano que nos visita reduce la conexión con los hermanos de ese taller a dos pasos, del mismo modo que cuando visitamos un taller, la reducimos a su vez a un paso. Es por tanto importante que el masón, especialmente en el grado de compañero, cultive la visita a otros talleres y de este modo consiga aumentar la interconectividad de la red y contraer la distancia que nos separa del resto de los hermanos.

Y, por otra parte, una de las principales máximas masónicas es acoger a otro miembro de la orden como tu hermano, independientemente del modo por el que hayas establecido contacto con él. Este postulado invalidaría las consideraciones anteriores si no fuera porque, de nuevo, nos encontramos ante un conflicto entre el simbolismo y la práctica. Es de todos modos un atajo muy importante a la hora de establecer conexiones, aunque en cierto modo intangible y, sobre todo, en potencia.

Sin embargo, es mi opinión que los lazos derivados de la práctica deben reforzarse permanentemente, buscando en cada momento aquello que pueda considerarse como nexo común con otros hermanos. De este modo, se debería ser muy riguroso a la hora de admitir nuevos profanos en la orden, ya que mucho más importante que crear una gran red es reforzar su cohesión.

Una red social más cohesionada significa mayor capacidad de coordinación. Una vez está claro que la masonería está construyendo un edificio social de grandes dimensiones y muy interconectado, hay que plantearse necesariamente las implicaciones de este fenómeno. No estamos hablando obviamente de la pertenencia a un club, es algo más profundo, ya que la filiación implica la adopción de una serie de ideas y principios comunes.

Las sociedades suelen ser el resultado de un conjunto de acciones individuales egoístas donde muchas veces es necesario ejercer algún tipo de control para evitar que la suma de acciones individuales, en apariencia inocuas, no resulte en el agotamiento de los recursos escasos o en la generación de desigualdades. Si el colectivo social masónico actúa inspirado por los principios de la orden, el resultado agregado debería ser tal que no se generaran estos resultados indeseables. Pero por otra parte, al tratarse de un grupo minoritario, su acción probablemente sólo vaya a modificar en pequeña medida el conjunto total de la sociedad. Esto nos llevaría a defender la postura de que la masonería debe salir hacia el mundo profano por medio de acciones que efectivamente puedan tener repercusión sobre el conjunto, como son aquellas de concienciación y toma de posturas ante los problemas reales de la sociedad.

Será éste un buen trabajo, entre otras cosas para aportar una visión más real de lo que es la masonería. Pero, si la masonería ha sobrevivido a lo largo de los siglos, ha sido debido a su comedimiento, evitando una excesiva injerencia en el mundo profano que de otro modo la reduciría a otro tipo de institución que ya existe en gran número. Si nos ha de distinguir algo, queridos hermanos, que sea la discreción y el rigor. Desde lo externo, puede verse imposible la reconcilación entre la endogamia de la masonería contemplativa y la modificación activa del entorno. Pero creo que nuestras enseñanzas y la propia experiencia nos niegan de forma efectiva esa fantasmagoría. No necesitamos de la intervención directa en lo público, que suele llevar al escándalo y la ignominia al que todo edificio humanístico construido apresuradamente está abocado. No necesitamos erigirnos en un colectivo elegido o tocado por una mano sobrenatural, en la élite. No necesitamos de imágenes, leyendas ni supersticiones que nos autoricen ante lo profano. Ni disciplinas ni jerarquías. Nada más que del material humano del que están constituidos nuestro talleres.

Debo detenerme y aclarar mis intenciones. Material humano, sí, pero material masónico. No me refiero a la mera materialidad, sino a esos sillares que, una vez pulidos, encajan en la construcción del edificio. En los que la diferencia, las marcas de cada cantero han dejado su huella, pero todos cumplen de forma feliz con su función. Nada más hermoso que ese mosaico, esa telaraña de hermanos cuya diferencia es celebrada porque embellecen el templo. Sean bienvenidos todos los hermanos y los profanos que compartan nuestros anhelos, sin que importe aspectos tan superficiales y poco relevantes para la masonería como el sexo o el país en el que nacieron.

Así, espero que podamos poco a poco avanzar en la creación de una verdadera red de seres humanos a los que nos muevan anhelos compartidos, díficiles de expresar, tal vez, pero sin que ello sea óbice para que efectivamente exista entre todos nosotros un nexo común de interrelaciones.

He dicho,

Bruno, M.·.M.·.

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Vicki
Vicki dijo:
08/08/2011 a las 4:39
Frankly I think that's absoultely good stuff.
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